El Artificio de Juanelo

Inventos de Juanelo Turriano biografía ingeniero e inventor y maquinas de juanelo turriano en Toledo destacando el artificio de juanelo el Puente de Julio Cesar la gran maquina hidráulica.

Aunque pudiera parecer una leyenda, no lo fue. Fue tan real como efímero, pero durante un tiempo, los toledanos alcanzaron el sueño de que el agua llegara desde el río Tajo a la ciudad por medios mecánicos. Precursor de una revolución industrial en el siglo XVI, fiel reflejo de lo que fue y lo que pudo haber sido, ese es el Artificio de Juanelo Turriano.

La ciudad imperial de la que Carlos V quería estar orgulloso tenía un problema que acarreaba desde tiempos de los romanos: la escasez de agua. A pesar de estar rodeada por un caudaloso Tajo, los habitantes de Toledo se las veían y se las deseaban para hacer llegar el agua hasta sus hogares. Fue por eso que Carlos V mandó traer desde Italia a un relojero llamado Juanelo.

No es que pensara que un relojero iba a revolucionar el urbanismo toledano, es que en aquella época, un prestigioso relojero como Juanelo Turriano era también ingeniero, arquitecto…en definitiva, inventor al más puro estilo de Leonardo da Vinci. Y así llegó a Toledo un Juanelo que, a pesar de resolver el problema del agua en Toledo con El Artificio de Juanelo, quedaría relegado al olvido de no ser por la calle que lleva el nombre de uno de sus inventos, la calle Hombre de Palo.

Hoy en día no queda ni un solo rastro de ese Artificio que Juanelo construyó en 1568, pero se sabe que estaba situado cerca del Puente de Alcántara, debajo del Alcázar y que, mediante un engranaje de madera, este artificio salvaba un desnivel de 100 metros y era capaz de abastecer de unos 17.000 litros de agua diarios al Alcázar. Toda una obra de ingeniería y una lección maestra de utilización de las energías renovables para la actualidad.

Que por fin alguien consiguiera subir el agua de forma fácil y cómoda desde el Tajo hasta Toledo, debía ser un motivo de celebración y digno de agradecer. Sin embargo, el Artificio de Juanelo se encontró con dos problemas: uno era el gremio de las aguadaras, que veían al artificio como un auténtico ladrón de su jornal; otro era que el agua llegaba directamente hasta el Alcázar y allí se quedaba, es decir, que en realidad los toledanos no podían beneficiarse de tal artificio.

Tal vez sea por estos dos inconvenientes que ni Juanelo Turriano ni su Artificio ocuparon el lugar que se merece en la historia de Toledo una obra de ingeniería hidráulica de esa magnitud. O tal vez sea a la ingratitud que sufren los grandes y generosos hombres. Sea como sea, el caso es que el Artificio duró hasta que Juanelo murió, entonces no hubo quien consiguiera mantenerlo en funcionamiento.

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